L.M.P.
(Serie de Cuentos y relatos)
I
"Aún si no te agrada debes obedecer"
por Edna R. Vizcaíno.
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No cualquiera es indicado para describir esas imágenes que son provocadas por la Ofidia Ancestral y no todos los acólitos son capaces de escuchar las reverberaciones de la materia, sin sentir que el verbo también comienza a crecer entre sus piernas, esto produce un miedo elemental, pues debajo de la sotana que algunos escogen usar, los hombres de Dios llevan tan poco debajo de la tela, que apenas se detienen del cordón con que se anudan sus deseos, tan presentes y provocadores como los propios, sin embargo algunos no pueden aceptar que sus tentaciones tienen todas las formas posibles, especialmente la de efebos que visten de monaguillos para figurar en los altares.
Las sesiones habían comenzado así:
¿Cómo hacer para que la vida sea una confesión notable? San Agustín había sido la primera lectura mística, quizá por el nombre o porque en su escritura encontraba (ella) la misma ferviente contrición, ¿cómo ir del pecado a la devoción sin nunca desviarse de la pasión religiosa, sin caer en la precipitación de los sentidos? Hipona, convento, sujeción. La magia de las historias que ella podía provocar en su cabeza le hacían creer que el mundo era sólo un espejismo creado por las fuerzas oscuras, Dios estaba en su mente, rutilante, como una estrella capaz de dar forma a las elucubraciones más sagradas. Una rosa de oro, un diente de márfil, un rosario que huele a jazmín, el lento humo de la mirra y el estoraque, el sagrado corazón penetrado por clavos, las manos sangrantes de todos los mártires. Entonces… ¿por qué iba a estar mal cortarse? Rover, escuchaba la voz de Ainda, quien parecía hipnotizada en la mesmerización de su propia infancia.
¿Cómo hacer para que la vida sea una confesión notable? San Agustín había sido la primera lectura mística, quizá por el nombre o porque en su escritura encontraba (ella) la misma ferviente contrición, ¿cómo ir del pecado a la devoción sin nunca desviarse de la pasión religiosa, sin caer en la precipitación de los sentidos? Hipona, convento, sujeción. La magia de las historias que ella podía provocar en su cabeza le hacían creer que el mundo era sólo un espejismo creado por las fuerzas oscuras, Dios estaba en su mente, rutilante, como una estrella capaz de dar forma a las elucubraciones más sagradas. Una rosa de oro, un diente de márfil, un rosario que huele a jazmín, el lento humo de la mirra y el estoraque, el sagrado corazón penetrado por clavos, las manos sangrantes de todos los mártires. Entonces… ¿por qué iba a estar mal cortarse? Rover, escuchaba la voz de Ainda, quien parecía hipnotizada en la mesmerización de su propia infancia.
Sin embargo, su voz cambió cuando llegó a contar algo que había sucedido a los 9 años, la importancia de esa memoria particular fue acotada, mientras Rover tecleaba: << poco después de su primera comunión la madre le descubrió, esos cortes finos, profundos y bellamente logrados en el antebrazo. La reacción no fue la esperada, pues Ainda no logró plantear la posibilidad de ser estigmatizada, ya que la mujer (enferma de fe) escupió palabras poderosas: "¿quieres marcarte? te llevaré a un rastro, ahí marcan a las reses, no con vidrios, sino con fuego... entonces sí estarías señalada para siempre, eso quieres?" Ainda no comprendió el por qué de la furia que esa cara desconocida destilaba, sólo pudo pensar que a veces le parecía adorable y otras tan dura... ¿cómo haré para tratar el tema punzante que aún considera el centro de su vida? >> se preguntó, mientras consideraba que técnica psicoanalítica podría ser la mejor para tratarle.
En la siguiente ocasión, Rover escuchó las lágrimas que no podían caer a su libre albedrío, pues la madre había pedido imperativamente: "no llores frente a mi, ve a tu cuarto". Ainda habló sobre el instante en que guardó el vidrió en el bolsillo de su falda, se levantó sin mirarla y fue directo a su habitación, golpeando la puerta, colocando el seguro. Entonces, él preguntó por la ambientación de su casa y cuarto, quería entrar aún más en sus recuerdos. "Miré toda la falsedad del entorno, la alfombra rosa que cubría el piso, las paredes con flores primaverales, los peluches, esa pequeña cama de princesa en donde yo tenía que dormir sola. Aventé esas figurillas acolchonadas que me miraban desde la cabecera, entonces acomode ahí los libros que había estado leyendo a lo largo del año: La pequeña Dorrit, Ivanhoe, El último Mohicano, Oliver Twist, Heidi, Las aventuras de Tom Sawyer, Los caballeros del Rey Arturo…" << ¿Qué significado tenía el último? >> -preguntó él, mientras se acariciaba las cejas-.
Ainda ahondó en la historia que más le había apasionado a esa corta edad… además le indicó que fue con ese libro con el que comenzó el ritual de abrir al azar las páginas de una obra, para elegir un párrafo moviendo su índice sobre las líneas, mientras cerraba los ojos, hasta que sentía haber encontrado una respuesta:
En la siguiente ocasión, Rover escuchó las lágrimas que no podían caer a su libre albedrío, pues la madre había pedido imperativamente: "no llores frente a mi, ve a tu cuarto". Ainda habló sobre el instante en que guardó el vidrió en el bolsillo de su falda, se levantó sin mirarla y fue directo a su habitación, golpeando la puerta, colocando el seguro. Entonces, él preguntó por la ambientación de su casa y cuarto, quería entrar aún más en sus recuerdos. "Miré toda la falsedad del entorno, la alfombra rosa que cubría el piso, las paredes con flores primaverales, los peluches, esa pequeña cama de princesa en donde yo tenía que dormir sola. Aventé esas figurillas acolchonadas que me miraban desde la cabecera, entonces acomode ahí los libros que había estado leyendo a lo largo del año: La pequeña Dorrit, Ivanhoe, El último Mohicano, Oliver Twist, Heidi, Las aventuras de Tom Sawyer, Los caballeros del Rey Arturo…" << ¿Qué significado tenía el último? >> -preguntó él, mientras se acariciaba las cejas-.
Ainda ahondó en la historia que más le había apasionado a esa corta edad… además le indicó que fue con ese libro con el que comenzó el ritual de abrir al azar las páginas de una obra, para elegir un párrafo moviendo su índice sobre las líneas, mientras cerraba los ojos, hasta que sentía haber encontrado una respuesta:
En el centro del enorme salón figuraba la gigantesca mesa redonda, donde sólo tenían acceso el Rey Arturo, Merlín y los caballeros que habían prestado el juramento final. Los demás, tomaban asiento en otra mesa apartada. Merlín habló y pidió al noble Parsifal y al valiente Galaor que también se acercaran a la mesa redonda, en la cual aún habían dos sillas vacías. Parsifal, hijo de Pelinor, se sentó en una, mientras las pequeñas llamas escribían en el respaldo su nombre. Lo mismo ocurrió con Galaor, que siendo hijo de Lanzarote, había esperado con ansiedad ese día, cuando en el otro respaldo su nombre a fuego lento apareció. Ese día hubo celebraciones en Camelot, mientras Arturo y Ginebra observaban complacidos los banquetes y juegos de los caballeros, ahora completos, pues la hermandad había sido por fin cerrada".
Rover la miró fijamente mientras señalaba el simbolismo del Grial con la negación hacia el cuerpo, << ¿te das cuenta, Ainda de como has huido siempre de lo que tiene que ver con lo físico, aún cuando sea evocado de manera intelectual? La mesa significa el tipo de relación que puedes llevar con los otros, con cualquiera que no sea tu, con el ello... sólo un rey, un mago, podría sentarse ahí, en ese lugar que tu has creado en forma de círculo, ¿así era donde tu madre te alimentaba? ¿quién es Merlín, aquel tío que le permitió vivir a pesar de la enfermedad ultra rara? El fuego lento, divino, graba el nombre en las sillas vacías... ¿qué fue lo que tu madre dijo, qué iba a marcarte con el hierro de los mataderos?... ¿la hermandad... Galaor y Parsifal, tus dos hermanos muertos, a los que sentías tan cercanos porque tu madre los parecía preferir aún siendo tu la tercera, la que había logrado vivir? >>
"Debes obedecer..." Ainda sintió que por fin podía llorar, pues Arturo estaba cerca y cuando él la encontrara, ambos podrían irse a una isla perdida, el Avalón que entre sueños les llamaba. El Santo Grial, la copa, la seguridad incuestionable respecto a la importancia de su sangre, del legado que cada familia crea. Sin embargo, aún no entendía qué era el cáliz pero estaba convencida de que debía ir en búsqueda del propio. El sentido de la vida, la emancipación de lo terrenal. "¿Cómo encontrar lo que espiritualmente puede guiar y no dejar desfallecer?" Ninguno de los niños que había conocido pensaba en esas cosas, ni siquiera lo hacían los adultos, por más que se formaran a tomar la hostia cada domingo. Su madre había sido la única con quien hablaba de esto, pero desde que Ainda había comenzado a sangrar, con esa precocidad que le caracterizaba, las conversaciones eran cada vez menos sinceras, pues ella parecía evadirla, aunque siempre miraba sus pechos en busca de algo, así la madre se había convertido en celadora. Todo eso comenzó a dejarle claro que la familia no era necesariamente una mesa redonda, sino cuadrada, donde cada uno ocupaba un rol que denotaba jerarquía. La idea le molestó, entonces comprendió que por ser mujer, estaba fuera del rito, volvió entonces al Génesis, al versículo donde Eva acepta a la serpiente. ¿Sería también por eso que a la mesa de Arturo sólo se sentaban caballeros elegidos, hermanos muertos, mártires sagrados?....
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Excellent......
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